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¿Por qué comemos tan mal? ¿Y por qué insisten los médicos en recomendarnosmedidas alimenticias obsoletas?

La famosa pirámide alimenticia que fue desarrollada por la USDA (U.S. Department of Agriculture) de los Estados Unidos hace más de diez años ha sido desafortunadamente adoptada en casi todo el mundo por expertos e incluso autoridades de salud de casi toda la comunidad médica como una especie de dogma. Se enseña en las escuelas de medicina como si fuera la Biblia y los nutriólogos y casi todos los profesionales de la medicina se basan en ella sin conceder ninguna reflexión a la abrumadora cantidad de nuevos descubrimientos que han surgido en la ciencia, y sin pensar que incluso la USDA puede estar equivocada. Lo hacen sin prestar atención a todos los conceptos reveladores que ahora la cuestionan duramente y prueban que ese enfoque alimenticio está totalmente errado. Y esta afirmación no es gratuita.

Cualquiera puede investigar tanto o mucho como desee y seguramente encontrará que incluso uno de los centros del conocimiento más importantes del mundo, me refiero a la escuela de Harvard en Boston, MA. (health.harvard.edu) ha dedicado años y muchos millones de dólares para explorar criterios distintos y luego probar lo dicho anteriormente. Incluso existe en la actualidad una nueva propuesta de pirámide alimenticia drásticamente revisada por el prestigiado académico y científico Dr. Walter C. Willet, presidente de nutrición de la Harvard School of Public Health y sus colegas, dando un crédito importante a la presunción de los estragos en la salud que puede causar el exceso o consumo indiscriminado de los carbohidratos en la alimentación. (Revisar su libro, “Eat, Drink and Be Healthy”).

Otro aspecto importante en cuanto a las aportaciones del Doctor Walter C. Willet, y la escuela de Harvard en general, es su comentario acerca de los llamados suplementos vitamínico – minerales de amplio espectro como elementos catalizadores indispensables para inducir las funciones bioquímicas que se desencadenan como resultado de la alimentación. Nadie es suficientemente meticuloso para llevar la cuenta exacta de los nutrientes que contiene cada alimento y, por lo tanto, es casi imposible que no necesite